No es necesario vivir sumido en la oscuridad.

¿Quién es hipnotizable?

 


Este es un punto muy controvertido. Algunos especialistas en hipnosis médica dicen que solamente una persona de cada diez es hipnotizable. Otros llegan a una de cada cuatro.

En mi trabajo diario he llegado a la conclusión de que, en la consulta médica, prácticamente todo el mundo puede llegar a un estado de relajación hipnótica. Bien es verdad que hay algunas excepciones, que ahora contaremos, pero la mayor parte de la gente es capaz de entender el proceso hipnótico... si se lo explican de la forma adecuada.

Cuando alguien acude al médico en demanda de ayuda, se establece entre ambos (médico y cliente)  una relación de cooperación que llamamos alianza terapéutica. Ambos  cooperan para llegar al mismo objetivo.

Desgraciadamente, eso no sucede siempre. La masificación de según qué consultas médicas y la sustitución de la relación humana por un exceso de tecnología provoca un “enfriamiento” de esta relación.

Pero en mi trabajo diario he mantenido el establecimiento de este vínculo, “a la vieja usanza”, sin prescindir para nada de la tecnología (manejo un completo laboratorio de neurofisiología, con toda clase de aparatos: electroencefalograma, maping cerebral, potenciales evocados cerebrales, reacciómetros, taquistoscopios, polígrafo, ordenadores...)  A pesar de esta “tecnificación”, sigo pensando que la relación médico-cliente es vital, y me encanta trabajar de esta manera. Fijaos que hablo de “clientes” y no de “enfermos” o “pacientes”. Tengo muy claro que, por más que posea un Doctorado y dos Especialidades, soy alguien que ofrece unos servicios a cambio de unos honorarios. Me gusta pensar así, porque, de esa forma, tengo un poderoso estímulo para trabajar cada día lo mejor posible:  si no lo hago bien, si no consigo resultados, perderé clientes y no conseguiré otros nuevos.

Algunos colegas no acaban de entender esta manera de pensar. Los que actúan con “mentalidad funcionarial” (y mucho peor si trabajan en puestos “funcionariales”) tienden a hacer el mínimo, especialmente si sus honorarios no dependen de si lo hacen bien o no.  Fijaos en que digo “los que tienen mentalidad funcionarial”, que no son todos, ni mucho menos. En “puestos funcionariales” hallamos también bellísimas personas, con mentalidad  seria, encaminados a prestar sus conocimientos de una manera eficaz y entregada, buscando crear con sus pacientes el vínculo que hace pensar al paciente “Este es mi médico” y al médico “Este es mi paciente”.

Si creamos este vínculo (que, por otra parte, exige casi siempre la libre elección de médico) será fácil trabajar con cualquier técnica. Si proponemos a nuestro cliente una técnica útil, como la hipnosis, y le explicamos clara y honestamente qué es y para qué sirve, el cliente aceptará  la oferta que le hace su médico, en quien confía, como persona y como profesional.