No es necesario vivir sumido en la oscuridad.

Fobias concretas

 

 Las fobias únicas (por ejemplo: a las alturas, a los ascensores, a las serpientes...) son fáciles de tratar mediante la autohipnosis.  En cambio, las fobias múltiples (fobia a salir a la calle y a ir en metro y a ir al cine y a visitar grandes almacenes y a...) requieren un enfoque más amplio.

Las fobias múltiples, a menudo, se engloban bajo el concepto de “agorafobia” . Hoy en día llamamos “agorafobia” al temor a padecer ansiedad extrema en un lugar de donde sea difícil o embarazoso escapar. Ello incluye lugares muy dispares: un cine lleno de gente, un túnel en la carretera, un ascensor... La “agorafobia” suele ser también un trastorno de fondo depresivo. A veces la depresión está tan enmascarada que únicamente un interrogatorio cuidadoso por parte del profesional llega a ponerla de manifiesto. La “agorafobia” requiere una evaluación  profunda por parte del psiquiatra, antes de decidir que técnica, o combinación de técnicas, deben aplicarse. Las fobias concretas se pueden tratar con autohipnosis. Veamos un ejemplo concreto: las instrucciones que damos para personas que “se bloquean” en situaciones de examen (“fobia a ser evaluado”). Emplearemos las que aplicamos a un caso concreto:  Pili, una de mis pacientes, de 39 años, que había suspendido 6 veces el examen de conducir, y para quien la sola mención del examen producía un estado de ansiedad (por cierto, aprobó). Una vez inducida la autohipnosis, con algún método que incluya visualización, pasamos al siguiente mensaje: “Vas a visualizar ahora el día de tu próximo examen. Te has levantado por la mañana, has ido al campo de prácticas, y haces tu última práctica antes del examen.  Te sientas en el coche. Visualiza la situación como sabes hacerlo. Fíjate en los detalles del coche. El olor que sientes. Los ruidos del ambiente. La luz. La calle. Los semáforos... Apoya las manos en el volante. Comprueba que no lo agarras de forma tensa. Simplemente apoyas las manos y sostienes levemente el volante. Deja que los brazos se sientan relajados, con sensación de peso y ligereza. Comprueba que tu postura sea relajada. Te sientas recostada. Las piernas sueltas. Sin tensión. Respira profundamente, elimina tensión con cada respiración. Inicia la última práctica antes del examen. Vas a hacer una cosa que te parecerá insólita, pero que debes hacer: vas a equivocarte dos veces ex-profeso. Vas a saltarte (un poco) una señal o frenarás un metro más adelante de lo debido en un semáforo. Elige tu mismo lo que vas a hacer, pero equivócate, a sabiendas, dos veces. Con ello ya te habrás enfrentado este día a posibles errores, y no sientes ansiedad ante ellos. Cuando vayas a iniciar el examen real, harás lo mismo. Comprobarás tu postura. Dejarás relajados tus brazos y piernas. Sostendrás con suavidad el volante. Inspirarás para la respiración profunda y rememorarás el olor relajante del paisaje tranquilo.  Antes de empezar mirarás al cielo y, como hablando para ti mismo, dirás en voz baja pero audible: “estoy supernervioso”. Aunque no lo estés. Con ello ya no tienes que ocultar nada si te pones nervioso. No esperes respuesta del examinador. Si te dice algo, lo que sea, respondes “perdón, gracias”. A partir de ahí, respiras, rememoras el olor del paisaje relajante... y dejas que el examen vaya fluyendo de forma automática, haciendo lo que sabes, sin más. Si te sale bien, maravilloso. Te dices: “Muy bien”. Si te sale mal, no pasa nada. Te dices: “Volveremos a intentarlo”. Si sale mal, analizaremos el por qué, y habremos aprendido algo de cara al siguiente examen.” En este mensaje hemos incluído técnicas de relajación, de visualización y de intención paradójica (equivocarse ex profeso en el ensayo, para reducir la ansiedad ante el error).