No es necesario vivir sumido en la oscuridad.

Dejar de fumar

La autohipnosis es un método complementario adecuado para dejar esta adicción. Proporciona una especie de relajación ante el nerviosismo provocado por el abandono del cigarrillo, disminuye la sensación de “recompensa” provocada por el fumar y sirve para “cambiar” las ideas del fumador con respecto al tabaco.

De todas formas, no esperemos milagros. La  adicción a la nicotina es la más extendida entre las habituaciones a drogas psicoactivas, y la tasa de recaídas en quienes intentan dejar el hábito es del 60 al 75 %, en el primer año, exactamente igual que con la mayor parte de las drogas denominadas “mayores” (heroína, cocaína).

Un tratamiento de deshabituación y abandono del hábito funciona o no, en relación a las circunstancias que se dan en cada caso:

1.        El estrés ambiental influye desfavorablemente. Es difícil dejar de fumar si la persona está en situación de estrés.

2.        El apoyo social (por parte de amigos, familiares...) debe ser incondicional y positivo. Es difícil que alguien deje de fumar si quienes conviven con él  siguen fumando, o si los amigos y familiares siguen ofreciéndole tabaco.

3.        Debe haber una suficiente información educativa acerca de las ventajas de dejar el hábito.

4.        La persona debe tener un buen grado de autoconfianza y seguridad en sus posibilidades.

5.        Las mujeres lo tienen mucho más difícil que los hombres. No se sabe la causa, pero el porcentaje de recaídas en mujeres (alrededor del 85 %) es mucho más elevado que el de los hombres.

6.        Debe haber una motivación muy rotunda y sincera  para dejar de fumar. La persona que quiere dejar de fumar debe tenerlo muy claro.

7.        Los niveles altos de nicotina en sangre (su metabolito en sangre se llama “cotinina”) dificultan dejar el hábito.  Desgraciadamente, cuánto más cigarrillos se fuman al día, mayor es el nivel de “cotinina” en sangre y, en consecuencia, mayor es el grado de adicción.

Las técnicas que se emplean son de dos tipos:

a)     Dar instrucciones al sujeto acerca de que notará mal sabor  de boca  o de que se sentirá físicamente a disgusto mientras lo inhala. Una instrucción suplementaria puede ser la de permitir fumar únicamente un cigarrillo coincidiendo con las horas exactas, en tanto que si se intenta a cualquier otra hora aparecerá el malestar. Es un método que puede dar resultado en personas muy sugestionables, pero que crea una cierta dependencia hacia el terapeuta.

b)    Reestructuración del conocimiento. Tal y como recomendábamos en el caso de “ideas erróneas”. Partimos de la base de que fumar es dañino, y grabamos el mensaje de que el adicto debe cuidar su cuerpo del veneno, igual como haría con un niño que fuera a tomar alguna sustancia nociva. De esta forma centramos el tema en lo que la persona busca (la salud) más que en aquello contra lo que lucha (el tabaco).

Las instrucciones de esta segunda técnica pueden ser las siguientes:

Grabaremos un mensaje para que optimes tu voluntad para proteger su salud. Sabemos perfectamente que fumar es destructivo, especialmente para tu cuerpo. Fumando, entramos en nuestros pulmones una gran cantidad de alquitranes destructivos, muchos de los cuales son cancerígenos. Entramos también la nicotina, que es la droga productora de “placer”. La nicotina, aunque no lo percibas exactamente, tiene un efecto revitalizante y tranquilizador. Cuando llevas tiempo sin fumar conoces perfectamente el bienestar que recibes al inhalar el primer cigarrillo. La nicotina es la responsable de la adicción, y la que, a la larga, provoca el otro daño que es el de las arterias y del corazón.

A partir de ahora vas a proteger tu cuerpo de estas sustancias dañinas. Pondrás en la balanza el placer de fumar y las ventajas para tu cuerpo, y no te vas a hacer trampa. Quieres proteger tu cuerpo. Defender tu vida. Tu calidad de vida. Tus pulmones. Tu corazón. Demasiadas agresiones sufrimos por la contaminación ambiental, como para que juguemos con fuego al introducir humo extremadamente polucionante en nuestro cuerpo, y en el ambiente que respiran las demás personas. Defenderemos también nuestra economía. Colocarás en una hucha lo que gastarías en tabaco, y, en pocos meses, te harás un regalo estupendo como premio por haber defendido tu cuerpo.

Cuando fumas, te estás proporcionando un placer. Un premio. Pero, a partir de ahora, cambiarás tu concepto de premio. Decidirás que el mejor premio es el que te das en el momento en que renuncias a encender un cigarrillo. Te das el premio de respetar tu cuerpo, de cuidarlo, igual que harías con un niño al que vieras en situación de peligro. Tu cuerpo es tu don más preciado. Tu salud es el valor más importante. Quieres proteger tu cuerpo y tu salud, y vas a empezar ahora.

En el momento en que vas a tomar un cigarrillo has de decirte: No voy a engañarme. El mejor placer es el de cuidar mi salud. Mi bolsillo. Mi ambiente. Este va a ser mi premio.

Bien es verdad que, en alguna ocasión, puedo sucumbir a la tentación. Pero no me dejaré vencer si esto sucede. La diferencia entre un hombre y un cerdo es que, si caen en un charco de porquería, el hombre hace por salir; el cerdo se revuelca en ella. Si algún día consumo, inmediatamente volveré a decirme que lo que debo hacer es proteger mi cuerpo, y proporcionarme el mejor de los premios: cuidar mi salud, mi aliento, mis dientes... y mis pulmones y arterias.”

Es pertinente combinar este método con cualquier otro: acupuntura, chicles de nicotina, parches de nicotina... En estos casos, debe haber un profesional de la medicina que oriente el proceso, indicando las dosis de nicotina que se deben emplear y la forma de disminuirlas progresivamente hasta cesarlas por completo.