No es necesario vivir sumido en la oscuridad.

Hipnosis karma

La certeza de que todos poseemos además de una percepción consciente un amplio espacio mental y emocional que permanece oculto llamado incosnsiente es universalmente compartida. Conocer ese inmenso espacio que además determina tanto nuestra visión de la realidad se hace fundamental y en éste volumen se nos ofrece un programa para desarrollar las técnicas que nos dan acceso a él. Una invitación a una aventura sin límites llena de poderosas herramientas.
El Karma en nuestra cultura occidental ha sido frecuentemente interpretado como destino o fatalidad, interpretación que no puede estar más lejos de la realidad.
Karma es una palabra que proviene del sánscrito cuyo verdadero significado es “Acción”. La Ley del Karma es una ley espiritual de causas y efectos, la cual explica que toda acción realizada tendrá su efecto, en una tendencia constante hacia el equilibrio. Las acciones del pasado determinan el presente, como el presente determina el futuro. Como seres humanos disponemos del libre albedrío, y nuestro destino depende de cómo lo utilicemos. A lo largo de vidas sucesivas se nos van dando las oportunidades de acción y compensación. Entonces, no hay castigo, no hay fatalidad, no hay azar... sólo las consecuencias de nuestros actos, sean buenos o malos, hasta equilibrar la balanza. Es una ley extraordinariamente justa, y esperanzadora, que siempre nos permite la compensación, y en la cual el ser humano es verdaderamente dueño de su destino. Esta doctrina, presente en el Budismo, el Hinduismo y en el Judaísmo, tampoco se contrapone con el Cristianismo. De hecho, el extraordinario vidente norteamericano Edgar Cayce (2) desarrolló una doctrina cristiana del Karma y la Reencarnación, manteniendo siempre su ideal cristiano. A través de las “Lecturas de Vida” hechas a miles de personas, Cayce reveló cómo el Karma se manifiesta de diversas formas en nuestra vida presente: felicidad, sufrimiento, dones, enfermedades. Agregó que el ser humano siempre dispone de la Ley de la Gracia como alternativa, es decir saldar sus deudas kármicas entregando amor incondicional. Sus revelaciones son extraordinariamente coincidentes con lo que encontramos los terapeutas que trabajamos con vidas pasadas. (2) Edgar Cayce Vidente norteamericano (1877-1945), quien realizó diagnósticos médicos y lecturas de vida a miles de personas, como también profecías generales con un altísimo nivel de aciertos. Fundador de la Asociación para la Investigación y la Ilustración (A.R.E.-, Inc., P.O. Box 595, Virginia Beach, Virginia, 23451), en la cual se conservan las “lecturas” realizadas, pudiendo ser revisadas por médicos, psicólogos, e investigadores que lo soliciten. Elaboró una Doctrina de la Reencarnación compatible con el ideal cristiano. A continuación les mostraré algunas historias de mis pacientes que reflejan cómo opera el karma. Para hacer más fluidos los relatos, a menudo he omitido detalles de la técnica.   

 

EL ORIGEN KÁRMICO DE UNA RELACION CONFLICTIVA

 

Es el 25 de abril de 2002. Consuelo (54, médico) llega a su sesión de terapia regresiva muy afectada por la última discusión con su hija mayor. A pesar de tener ambas la misma profesión y varios intereses en común, no logran entenderse. Decidimos que ha llegado el momento de trabajar en ello.
 
 
 
Recostada en el sofá, Consuelo regresa a su lugar sagrado, aquel que guarda el libro de sus vidas. Lo abre y siente la presencia de su Angel Guardián que le pone amistosamente la mano sobre el hombro.
 
Terapeuta:“Pídele que te lleve al origen de las dificultades con tu hija".
Consuelo: Estoy viendo a mi hija, con su mismo rostro y pelo , negro y largo hasta la cintura. Es una guerrera a caballo, con traje de pieles, con pantalones y zapatos de pieles o cuero, con los brazos desnudos hasta el hombro. De la cintura le cuelgan cabelleras humanas como trofeos. Tiene una espada.
La siento poderosa y enérgica, está observando el paisaje desde una colina, es una estepa de pastos ralos y duros, muchas piedras asomando aquí y allá, montañas, una más cerca, otras más lejanas, con nieve; hace frío. Me recuerda ese período en que estaba terminando la última Era Glacial.
Se va galopando y llega a una aldea: cuatro o cinco chozas primitivas circulares, de pieles y madera, apoyadas en la ladera de una montaña, de modo que la parte de atrás esté protegida de extraños. Por delante, mirando al valle, tienen una abertura a modo de puente.
Salen a recibirla varias mujeres ancianas, desgreñadas y pobremente vestidas con pieles. Me parece ver a un anciano que puede ser el hechicero de la aldea, pero no veo más hombres.
La joven llega a su choza, que tiene pegado a un costado un pequeño corral, veo aves y cerdos. La espera su madre, que se ve avejentada, en actitud sumisa, la cabeza baja.
Sobre el suelo de tierra, en el centro de la choza, hay una fogata. La joven se sienta sobre una piel con las piernas cruzadas, como un hombre. La madre le da comida en un cuenco que parece de madera y le ofrece agua en una vasija de greda. Es una vasija curiosa: de cuello alto con dos asas a los lados. Luego se sienta frente a ella, de lado, con las dos piernas flectadas hacia atrás, a la usanza de las mujeres.
No me parece que este grupo humano ni otros, en esos territorios, labraran la tierra. Siento que la joven tiene la responsabilidad de su pueblo: Debe velar por su seguridad y su alimentación.
T: Avanza en el tiempo:
C: Ella va galopando, va de caza, se acerca a una manada (creo que de búfalos) y al galope dispara una flecha que con gran precisión da en un animal y lo tumba. Hay allí varios hombres, de su aldea supongo, que se acercan al animal, lo rematan con sus cuchillos, lo destazan y se llevan los trozos hacia la aldea. Ellos no tienen caballos.
Ella no se molesta en participar de ese trabajo. Después de mirar un rato, cruza al galope por en medio de la manada que se aparta corriendo a su paso, y se dirige hacia un bosque. Penetra en él, es muy denso y muy oscuro.
Llega a un claro circular, desmonta y con respeto se acerca a una piedra que hay en el centro, se arrodilla, deja su arco en el suelo a su lado y parece orar o meditar. Allí moran los espíritus del bosque.
De pronto entre los árboles aparece una anciana, parece haberse materializado allí. Viste sobre una túnica de tela, una sobretúnica de pieles mucho mejor trabajadas y unidas que las de las aldeanas. Se apoya en un báculo. No logro verle la cara, está borrosa.
La joven, cuando se da cuenta de su presencia, se gira de rodillas hacia ella y agachándose apoya las dos manos en el suelo y con la frente casi toca la tierra, en señal de respetuoso saludo. Se yergue y aún de rodillas, la escucha. Ella ha aprendido muchas cosas de esta hechicera sabia. Su poder proviene de ella.
La anciana le dice que debe estar siempre vigilante, porque hay mucha gente de otros clanes que la teme y quisiera destruirla. Luego la anciana desaparece entre los árboles y la joven regresa a su aldea.
T: Avanza hasta otro hecho relevante...
C: Ella está con un hombre. Ambos se aman. El es un extranjero, ha llegado de lejos. Tiene pelo y barba negros. Siento que tiene nobleza de corazón, es un buen hombre, es sereno y sabe pensar. Ella lo admira. El la frena de su impulsividad y entibia un poco el fuego de su carácter. Quieren formar pareja y tener hijos.
La ceremonia del matrimonio aparece ante mis ojos: la madre frente a ellos rompe un cuenco de greda.
Ya son padres, su hijo es varón y debe tener unos 8 o 10 meses. La abuela está dichosa... Están los cuatro en su choza, en una escena familiar, cuando se siente un tremendo ruido afuera.
Es un grupo de otra tribu, muchos hombres vestidos apenas con pieles, algunos descalzos, con unas lanzas bastas, con la punta de piedra (de esa piedra golpeada), que han bajado desde la colina y atacan la aldea desde atrás. Al principio las lanzas caen sobre las chozas sin dañar, pero luego los asaltantes se acercan corriendo a las personas de la aldea y empiezan a matarlas.
La pareja deja al bebé con la abuela y salen rápidamente de su choza. La joven con su arco y sus flechas hiere a varios. Es muy rápida y muy certera. Ella ve caer a su esposo a su lado, muere acuchillado en el vientre. Luego muchos hombres se abalanzan sobre ella y la matan. La abuela espera en su choza con su nieto en los brazos. Los matan.
Los asaltantes destruyen, queman, roban todo lo que pueden y se van.
T: ¿Dónde estás Tú, quién eres?
C: No me veo por ninguna parte.
T: Tienes que haber estado allí, puesto que sabes todas esas cosas.
C: Capaz que sea uno de los asaltantes.
T: Pregúntale a tu Angel Guardián.
C: Ahora sí me veo: soy uno de los asaltantes, un hombre desgreñado, semisalvaje. Me veo clavar con saña mi lanza en el cadáver de la joven, me siento triunfante. Todos los de la aldea están muertos y la aldea destruida.
Mi grupo está feliz, todos gritamos y reímos. Los otros sabían cazar mejor que nosotros y les teníamos envidia. Nosotros vivimos en una cueva en la montaña y siempre estamos hambrientos, con frío y con miedo.
La anciana “bruja sabia” ha visto todo esto telepáticamente en el bosque y siente gran dolor por la joven que ha muerto.
Nos regresamos a nuestra cueva donde nos esperan nuestras mujeres; ellas son siempre muy dóciles y temerosas de nosotros, casi no se atreven a mirarnos a la cara. Yo me veo llevando el producto de mi saqueo. Unos zapatos de piel y una pieza de ropa de piel que cuelgan sobre mi pecho y mi espalda apoyados en mi hombro izquierdo.
Pasan unos días y en mi cueva me da vueltas en la cabeza una idea, recuerdo un objeto: el arco y las flechas de la mujer. La vi usarlas ¡Y con qué eficiencia! Deseo ese objeto, es poderoso. Nosotros tenemos sólo lanzas, bastante toscas, y cuchillos.
Regreso solo al lugar de la masacre. Los cadáveres se están descomponiendo, el lugar es horrible, pero a mí parece no afectarme.
Me acerco al cadáver de la joven y tomo el carcaj con flechas y el arco. Lo miro fijamente, lo observo, analizo cómo está unida la cuerda (creo que es una tripa de animal) al arco en los extremos. Me voy con mi botín.