No es necesario vivir sumido en la oscuridad.

Problemas Generales

 

 
                               Problemas Generales
 
Seis temas amplios y más generales nacen, pertinentes a todos los experimentos, en tal forma, que es mucho mejor hablar de cada uno separadamente.
 
Extensión de la ansiedad y la aprehensión como una variable que confunde.
 
De varios estudios ha surgido la hipótesis de que la aprehensión y la ansiedad que nacen generalmente de los experimentos, pueden influir sobre la reactividad fisiológica. Es probable, por otra parte, que de la experiencia consciente del dolor resulte algo de tensión mental, directa o concomitante (ver la exposición de Doupe y las de algunos otros). Parece necesario, entonces, distinguir perfectamente entre este último tipo de tensión, y las otras fuentes de ella, que podrían entrar por casualidad en el experimento, o entrelazarse inadvertidamente, en forma sistemática, con una u otra condición experimental. Por ejemplo, si se dieran al sujeto sugestiones más sedantes y protectoras del ego, durante el estado de analgesia que durante el de control, se podría predecir que durante la analgesia hipnótica sería observada una baja de la reactividad fisiológica aunque esto podría, no obstante, no tener ninguna relación casual con la disminución de la consciencia del dolor.
 
Intensidad y duración del dolor
 
Se han hecho impresionantes afirmaciones acerca de la efectividad clínica de la analgesia y la anestesia hipnóticas, con respecto a las más profundas intensidades del dolor de larga duración; pero, hasta la fecha, sólo se han realizado estudios experimentales con intensidades entre ligeras y moderadas, de corta duración. West y otros, por ejemplo, no se han atrevido a ir más allá de 6 dols (unidades de intensidad del dolor), y eso por breves momentos. Aun el llamado estímulo “cruel” de Doupe y otros, difícilmente podría ser comparado con las intensidades del dolor ocasionadas por la cirugía.
 
Nivel fisiológico inicial
 
Desde hace pocos años se ha reparado, cada vez más, en el efecto desorientador del nivel fisiológico inicial, sobre los cambios subsecuentes en el nivel. Tomas, simplemente, los resultados de las diferencias, entre el nivel inicial y el resultante, no resuelve el problema satisfactoriamente. Es enteramente posible que el nivel fisiológico anterior a la introducción del estímulo doloroso (es decir, al nivel inicial), puede ser sistemáticamente distinto en varias condiciones experimentales, por ejemplo: el nivel anterior al estímulo puede ser distinto cuando los sujetos están preparados para experimentar dolor en el estado de vigilia, en comparación con el nivel anterior al estímulo, mientras están bajo la influencia de la analgesia hipnótica. Metodológicamente hablando, es necesario establecer que las mediciones del efecto del estímulo doloroso están al margen de cualquier sesgo sistemático debido al nivel fisiológico inicial, si es que deseamos afirmar que cualquier efecto observado tiene que ver con otra cosa que con dicho nivel. Naturalmente que también sería interesante hacer comparaciones, por separado, de los niveles iniciales. (Ver los trabajos de Wilder, 1957; de Lacey, 1956; y de Cogan, 1959.)
 
Características requeridas
 
En todos los estudios pueden hallarse ejemplos en que los factores cognitivo y de motivación (impresiones y expectativas), pueden haber influido sobre los resultados. Para sólo mencionar uno: es completamente posible que la analgesia hipnótica, por sí misma, no tenga un efecto calmante sobre la reactividad fisiológica; pero si los sujetos creen que tiene tal efecto, esta esperanza, por sí sola, puede provocar el proceso interno que conduzca a un cambio en la reactividad.
Aquí es bueno mencionar un reciente informe de Orne (1959), en el cual quedan de manifiesto, bajo el concepto de “características requeridas”, las importantes consecuencias derivadas de las motivaciones y esperanzas de los sujetos sometidos a la hipnosis, y el papel desempeñado por la sugestión dentro de los experimentos.
 
Lo adecuado del informe subjetivo
 
Aun si se acepta la realidad subjetiva de la analgesia hipnótica como un hecho clínico válido, todavía queda en pie la cuestión relativa a las técnicas que pueden usarse, en la indagación para establecer que, en un caso concreto, la analgesia se ha producido fenómeno lógicamente. Consideremos la forma en que Levine trata este problema (1930). Es evidente que tiene algunas reservas, en lo relativo a si se puede estar seguro de que la anestesia definida ha tenido lugar durante la hipnosis. Dice: “La experiencia me indica que raras veces podemos estar ciertos de la anestesia definida durante la hipnosis. Varios grados de hipoestesia pueden obtenerse por sugestión con cierta frecuencia; pero la anestesia inequívoca es rara” (p. 332).
De lo anterior se desprende que, en algunas formas, debe determinarse clínica y rigurosamente que la anestesia (o la analgesia) ocurrieron, más allá de la simple sugestión, a los sujetos de que tendrá lugar. Es discutible, sin embargo, si la técnica de Levine, en sí misma, fue adecuada para este propósito. “(Después) de las sugestiones para provocar el sueño profundo.... decía: Ahora usted ha perdido todas las sensaciones en su brazo derecho. Si alguien la toca, no sentirá absolutamente nada. En seguida.... le hincamos una aguja en el brazo. No se movió y su expresión facial no cambió. Entonces le preguntamos: ¿sintió algo? Y ella respondió: No” (p. 336).
Pero, ¿puede uno confiar en movimientos del cuerpo del sujeto, en sus expresiones faciales, y en los informes subjetivos, ya sea durante la hipnosis o luego, en el estado de vigilia, cuando el sujeto debe reconocer que el experimentador quería que la anestesia se hubiera producido? Levine tomó el único camino pragmático razonable: definir la anestesia en términos de cierto criterio preciso: el conjunto de los movimientos del cuerpo del sujeto y su informe. Sin embargo, con toda probabilidad, un amplio interrogatorio puede ser más preciso que uno mínimo y es enteramente posible que el experimentador quiere sólo la verdad exacta, sin que importe cuál pueda ser, que si obtiene la de que el hipnotista se disgustará si la anestesia no tiene lugar. Estas consideraciones son igualmente aplicables, tanto al estado hipnótico como al de vigilia y no implican, necesariamente, distorsión consciente de la información.
 
Estadísticas precisas y rigurosas
 
Se observa a menudo que los datos relativos a lo fisiológico son del todo erróneos, y que hay diferencias especialmente grandes, entre un sujeto y otro. Siendo así las cosas, parece inútil esperar diferencias estadísticamente importantes, aun si éstas existen de veras, a menos que se ponga en marcha un proyecto de investigación esmeradamente planeado, de modo que puedan hacerse cálculos razonablemente amplios y dignos de confianza, sobre un buen número de sujetos. Si tratamos de obtener datos que estadísticamente exigen un microscopio, no podemos buscar efectos con una lente de aumento. Aunque lo mismo se puede decir de la experimentación en general, merece recalcarse con relación a este caso particular, porque todos los estudios citados padecen, en una forma u otra, de la falta de rigurosidad. La investigación de Brown y Vogen es claro ejemplo de esto pero, de ningún modo, un ejemplo único. Muchos de los datos proporcionados por varios estudios, no pueden aceptarse como pruebas, puesto que se mantienen en esa tierra de nadie estadística, indicadora de una tendencia, que todavía está dentro de los confines de la hipótesis nula.
 
                            Resumen del estado de las pruebas
 
El estado actual de las pruebas de que se dispone, puede resumirse por medio de las tres generalizaciones siguientes:
    1) De algunos experimentos parece desprenderse que las respuestas                                            fisiológicas ante el dolor, son menos durante la analgesia hipnótica,
 que en el estado de vigilia de control.
2)   Las pruebas en que se basa esta primera generalización, son el resultado de estudios mucho menos rigurosos de lo que comúnmente se admite, tanto por lo que respecta a su concepción, como por lo que toca al análisis estadístico.
3)   A despecho de algunos intentos de control de las explicaciones alternativas, nunca ha quedado perfectamente demostrado que el efecto es más que atribuible a la supresión voluntaria de las reacciones fisiológicas; tampoco se ha probado que el efecto no se deba, mayormente, a la hiperreacción al dolor, durante el estado de vigilia de control; ni que no sea el resultado de sólo la hipnosis, con independencia de la analgesia hipnótica.
 
                     Implicaciones de nuestra propia investigación
 
Nosotros planeamos un experimento para ocuparnos de las consideraciones anteriores. El tema central investigado fue el del efecto de la inhibición voluntaria de que antes hablamos en relación con el trabajo de Sears, y lo entretejimos, con muchos rasgos secundarios, en un diseño completo. Una de las características de este diseño fue la utilización de un choque eléctrico extremadamente doloroso, cuya intensidad es mucho mayor que la que se acostumbra emplear en los estudios psicológicos. Sin embargo, para que los sujetos pudieran tolerar tales choques, se halló necesario añadir varias características protectoras del yo, que ayudaran a aminorar, durante todo el experimento, la aprehensión y la ansiedad.
Para llevar a cabo el experimento nos valimos de cinco estados: el de la vigilia de control (efecto de la vigilia sola); el de control hipnótico (efecto del estado hipnótico solo, paralelo al de vigilia de control); el de inhibición en la vigilia (efecto de la supresión voluntaria de las respuestas fisiológicas ante el dolor, en el estado de vigilia); el de inhibición hipnótica (duplicado hipnótico de la inhibición de la vigilia); el de analgesia hipnótica.
El orden de esos estados quedó equilibrado; se utilizaron gran variedad de las mediciones fisiológicas más comunes, y se reunieron suficientes datos, para construir una prueba estadística altamente precisa.
 
Resultados
 
Lo primero que descubrimos fue que, para nuestro grupo particular de estados, sólo hubo respuestas fisiológicas al dolor ligeramente sistemáticas. En otras palabras: aun en el estado de vigilia, en el que las personas simplemente dejan que las cosas pasen en forma natural (vigilia de control), sólo se produjo un promedio de cambio de cerca de 1000 ohm, durante el choque, en la resistencia galvánica de la piel; y ésta, aunque muy importante estadísticamente hablando, es, también, una respuesta trivial a un choque intenso. Similarmente, el choque produjo un cambio de cerca de 5 latidos cardiacos por minutos, lo que, de nuevo, tiene mucha importancia estadística, pero significa una respuesta minúscula a un estímulo verdaderamente doloroso.
Lo segundo que descubrimos fue que no hubo diferencias mensurables, en respuesta al choque, en cualquiera de los cinco estados escogidos para nuestro experimento. Dicho de otro modo: la analgesia hipnótica no aminoró las reacciones fisiológicas ante el dolor fueron exactamente lo mismo de ligeras en el estado de vigilia de control, que en cualquiera de los otros cuatro estados.
En tercer lugar, observamos que los individuos, hasta en el estado de vigilia de control, sufrieron los choques con tan aparente calma (aun cuando informaron que sentían los choques muy dolorosos), que tal parecía como si no los perturbaran.
Estos hallazgos, ciertamente, fueron contrarios a cuanto esperábamos, puesto que creíamos que la analgesia hipnótica tendría algún efecto de disminución sobre la reactividad fisiológica ante el dolor, aunque también esperábamos que lo mismo podría conseguir la inhibición voluntaria.
 
Hipótesis
 
Para comprender lo que significan estos tres descubrimientos, debemos recordar que, para poder servirnos del dolor intenso, encontramos necesario añadir procedimiento ego-protectores de modo que, aunque el choque produjera mucho dolor en el estado de control, el sujeto no se pusiera indebidamente ansioso, ni reaccionara con exageración. Parece, entonces, muy posible que la falta de grandes efectos en todos los experimentos haya sido el resultado del éxito en mantener la ansiedad incidental al mínimo. Dicho más simplemente: puesto que la ansiedad incidental fue mantenida artificialmente baja, las respuestas fisiológicas al dolor fueron minúsculas. En consecuencia, la analgesia hipnótica no pudo mostrar efectos amplios y especiales sobre la reactividad fisiológica.
Esta interpretación no es una prueba definitiva, y está claro que se necesita investigar más extensamente. Pero aun siendo así, los resultados son intrigantes, porque hacen plausible el uso de tres hipótesis definidas, en futuras investigaciones:
1)   Cuando el componente de la ansiedad incidental, de la experiencia del dolor total es alto, las respuestas fisiológicas ante el dolor son grandes. La analgesia hipnótica es un medio para aminorar esas respuestas.
2)   Cuando el componente de la ansiedad incidental, ante la experiencia del dolor total es bajo, las respuestas fisiológicas hasta ante un dolor bastante intenso son minúsculas, y la analgesia hipnótica no puede provocar, en ellas, una reducción más mensurable.
3)   La analgesia hipnótica es un recurso para eliminar el componente de la ansiedad incidental, de la experiencia del dolor total.
 
En otras palabras: estas hipótesis sugieren que, puesto que la sensación de dolor queda eliminada durante la analgesia hipnótica, las reacciones fisiológicas que son el resultado de la tensión o de las cualidades amenazadoras del dolor, que éste pudo haber desencadenado, no se manifiestan; pero que cualquier otra cosa que haga disminuir el componente de la ansiedad incidental de la experiencia total del dolor -como los procedimientos ego-protectores en el estado de vigilia-, puede tener un efecto sobre la respuesta fisiológica, semejante al de la analgesia hipnótica.
Hay varios estudios que sugieren que la morfina alivia el dolor, en forma demostrable, sólo cuando los sujetos están ansiosos (Hill y otros, 1952a, 1952b; Kornetsky, 1954; ver también el trabajo de Beecher, 1959).
Si los próximos pasos de la experimentación, llegan a demostrar definitivamente, que la analgesia hipnótica reduce lo que podría llamarse super reacciones ante el dolor, bajo los estados de aprehensión y tensión, pero que no tiene efecto sobre las por lo general suavizadas reacciones ante el dolor, que están presentes en estados de ansiedad mínima, entonces los efectos de la analgesia hipnótica no podrán ser subestimados porque, evidentemente, hasta las más poderosas de las sustancias químicas analgésicas, tales como la morfina, actúan en condiciones similares.
Los descubrimientos de este tipo sería una confirmación esencial de la eficacia fisiológica de la analgesia hipnótica y, al mismo tiempo, eliminarían algunas de las incitaciones a hacer hipótesis, sobre los cambios neurofisiológicos periféricos. La potencia objetiva de la analgesia hipnótica podría afirmarse en forma limitada, y algo se comprendería de los procesos subyacentes, observados en los cambios fisiológicos.