No es necesario vivir sumido en la oscuridad.

HASTA NUESTROS TIEMPOS

HASTA NUESTROS TIEMPOS. La destrucción del mayor foco de conocimiento de la historia antigua, a manos de la religión, hizo entrar a la humanidad en el período más oscuro de su historia, que se extendió hasta el final del medievo. Los herederos de la información permanecieron ocultos transmitiendo de generación en generación fragmentos de aquel antiguo saber, que poco a poco iba desvaneciéndose y tornándose de nuevo superstición, las antiguas ciencias sin orden ni control se tornaban útiles de hechicería, en manos de Brujas y Magos que tan sólo poseían residuos del antiguo conocimiento. Los fenómenos psico-fisiológicos de los estados alterados de consciencia eran interpretados como posesiones diabólicas y quienes los provocaban en unas ocasiones eran la encarnación del mal y, en otras, personas revestidas de santidad. No es hasta comienzos del Renacimiento cuando se empieza a producir un cambio en la actitud de las gentes hacia los fenómenos psíquicos. Es preciso referirnos en este momento a una figura nacida el año 1493 en Einsieln, siguiendo el espíritu de su época, Phillipus Aureolus Theophastus BombaustusVon Hohenheim, afortunadamente conocido por el simple apodo de Paracelso, que bebió en las fuentes culturales de muchas materias. A Paracelso, incansable viajero, se le atribuyen estudios en teología, medicina, química y un sinfín de ramas del saber, catedrático de la universidad de Basilea, ciudad en la que pasó gran parte de su vida ejerciendo como médico, conjugó sus conocimientos con la imaginación y el resultado de ello fue una ingente cantidad de originales ideas para su época. Paracelso creía que el ser humano estaba regulado por una energía procedente de los astros a la que llamó «Energía sideromagnética», la cual podía ser utilizada y controlada de un modo benéfico y positivo por el hombre. También creía encontrar esta energía concentrada en la piedra imán, que podía utilizarse de un modo terapéutico. Esta idea, repetida hasta la saciedad por los investigadores de los siguientes siglos, tenía su base sin duda en parte del conocimiento hermético que había permanecido oculto desde la antigüedad, pero Paracelso fue el primero que experimentó e investigó sus efectos sobre el ser humano hace ahora 500 años. Su muerte se produjo el 25 de septiembre de 1541 en la más absoluta de las miserias. Unos años más tarde, en 1601, nace Anastasio Kircher. Con el tiempo. Este jesuita austriaco publicaría una obra titulada «Ars Magna Lucis et Umbrae», resumiendo en ella sus investigaciones sobre lo que él llamaba «Magnetismo animal». Kircher atribuía los fenómenos que se producían en sus experiencias a una especie de fluido de misteriosa procedencia. En uno de los capítulos de esta extensa obra titulado «Experimentum Mirabile de Imaginatione Gallina» describe cómo logra la inmovilización de un gallo o gallina utilizando un procedimiento de fascinación. Kircher, tomando una gallina con las patas atadas, la obligaba a fijar su mirada en una raya trazada en el suelo, a los pocos minutos el ave quedaba totalmente inmóvil, «fascinada» mirando la raya, permaneciendo de este modo aunque se la desatase y se le estimulase el movimiento. Este curioso experimento sigue practicándose hoy en día en algunos espectáculos. Una referencia curiosa en lo referente al empleo en la antigüedad de los métodos de sugestión la constituye el trabajo del padre Gassner, este jesuita efectuaba curaciones realmente peculiares, rodeado de un ambiente atemorizador.El paciente aguardaba unos minutos en soledad hasta que Gassner irrumpía con una impresionante vestimenta negra, blandiendo un crucifijo y atacando con voz atronadora a las fuerzas del mal y a los demonios causantes de todos los padecimientos. Gassner conseguía curaciones casi milagrosas y a lavez ejercía una poderosa influencia sobre el espíritu del paciente, utilizando de un modo exagerado todos los elementos de la sugestión y la fascinación. Casi un siglo más tarde, aparece una figura crucial en la historia de la sugestión y de la hipnosis. Franz Anton Mesmer nacido en 1734 enWeil (Alemania), se doctora en medicina en la universidad de Viena en el año 1766. Su tesis doctoral, con el curioso título «De planetarium Influxu» (La influencia de los planetas), sostiene una vez más la existencia de un fluido etéreo que, procedente de los astros, impregna todos los cuerpos y que él denomina inicialmente «Fuerza Magnética» y posteriormente «Magnetismo animal». Como vemos, las ideas de Mesmer no eran nuevas, en el pasado Plinio y diversos autores del sigloXVcomo Pomponacio, Paracelso, Ficino, Cardan, Gilbert,Van Helmont, Roberto Fludd o el mismo Anastasio Kircher, habían expuesto la teoría del fluido magnético, e incluso este último la había denominado de igual manera que Mesmer, «Magnetismo Animal», un siglo y medio antes que éste. Si bien Mesmer se basaba en conceptos descritos con anterioridad, lo que sí puede atribuírsele era lo concerniente a la técnica con la que llevaba a la práctica dichas teorías: la Magnetización. Un Jesuita llamado Maximiliano Hell, fundador del Observatorio Astronómico deViena, le sugiere a Mesmer utilizar imanes en sus tratamientos «...Porque contienen y representan la fuerza de la gravitación que mantiene en equilibrio el Universo..». En 1773, Mesmer empieza a realizar asombrosas curaciones mediante la aplicación del imán (Utilizaba por lo general planchas de hierro imantadas) alguna de ellas a personajes de relevancia de la época como la realizada sobre el profesor Osterwald, presidente de la Academia de Ciencias de Munich, a quien libró de la parálisis que le aquejaba durante años. La noticia de esta curación se extendió de tal modo que muy pronto Mesmer se vió desbordado por la ingente cantidad de personas que solicitaban sus métodos terapéuticos para combatir sus dolencias. La creciente demanda de sus servicios, obliga a Mesmer a pensar una solución y a fin de poder atender al creciente número de enfermos inventa «La baquet». Este artilugio consistía en un recipiente de madera de grandes dimensiones con forma similar a un tonel, su interior estaba lleno de recipientes de agua previamente magnetizada, el espacio entre éstos se llenaba con agua, limaduras de hierro, vidrio molido, azufre, manganeso y otras diversas sustancias a las que Mesmer atribuía propiedades magnéticas. De la tapa de la cuba emergían unas varillas de hierro curvas y movibles que se unían a unos aros con los que los enfermos se rodeaban el cuerpo, los pacientes alrededor de la «baquet» se cogían de las manos entre sí formando una cadena. Mesmer paseaba por la estancia en semipenumbra, provisto de una varilla de hierro con la que magnetizaba su cubeta y a los enfermos, tocándolos ligeramente con la vara en los hipocondrios, en la región epigástrica y en los miembros. En la estancia sonaba constantemente, acompañando su intenso trabajo sugestivo, la música de una orquesta, pues según Mesmer decía, el fluido magnético se propagaba a través del sonido. Tras un período de tiempo variable junto a la «Baquet» algunos de los pacientes empezaban a mostrar estados convulsos y crisis nerviosas muy espectaculares en ocasiones, cuando ésto sucedía eran transportados a una sala llamada «Sala de las Crisis» donde les dejaba convulsionarse hasta que por sí mismos se calmasen. Este proceso, que formaba parte de la terapia, era considerado muy saludable porque el enfermo se liberaba de sus principios mórbidos. Mesmer sostenía la existencia de polos magnéticos en los seres humanos que se veían afectados por el fluido magnético que llegaba a todas partes, sin ser necesario el concurso de la voluntad para ello. Durante esos años su prestigio no cesa de aumentar, siendo el centro de atención y admiración de la alta sociedadVienesa, pero su gran reputación empieza a despertar muchas envidias, especialmente entre la clase médica de Viena, que le reprocha su alejamiento de las enseñanzas tradicionales de la facultad de Medicina. En 1776 se produce un cambio importante en la interpretación que el propio Mesmer había sostenido hasta entonces respecto al fluido magnético. Abandonando la idea de que el magnetismo procede de la piedra imán, empieza a sostener que el fluido emana directamente del propio ser humano. Por esa época inaugura un sanatorio magnético, al que acuden gentes de todos los rincones de Europa, sus métodos terapéuticos han variado, ahora tan sólo utiliza sus manos al efectuar sus tratamientos y, probablemente muy influido por Gassner, empieza a sugerir que uno de los factores más importantes para la curación es la Fe. Su tratamiento solía consistir en colocarse con la espalda hacia el norte, frente a frente, ante el sujeto a magnetizar y mirándole fijamente a los ojos, iniciar una serie de imposiciones de manos sobre el cuerpo de éste. Un año después, Mesmer es requerido por María Teresa Paradis, hija del secretario del emperador y ahijada de la emperatriz. Esta mujer, ciega desde los cuatro años de edad, había estado siendo tratada de su ceguera durante más de diez años porVon Stoerk, el mejor oculista deViena. Bastan unas pocas sesiones de magnetismo para que María Teresa recupere la vista (Se supone que se trataba de ceguera histérica), este hecho sienta francamente mal aVon Stoerk que junto a la clase médica, que anteriormente había mostrado su disgusto con Mesmer, empieza a intrigar y presionar a las altas esferas de Viena para que sea suspendido el tratamiento. Finalmente, Von stoerk consigue la prohibición para que Mesmer prosiga sus trabajos con la ahijada de la Emperatriz, que a los pocos días vuelve a perder la vista. El oculista utiliza este hecho para humillar a Mesmer y su método, éste, desalentado, se ve obligado a cerrar el sanatorio y abandonar Viena dirigiéndose a París. En esa ciudad, publica el texto titulado «Disertación sobre el descubrimiento del Magnetismo Animal», tratando que sus teorías sean aceptadas oficialmente por las Academias de Berlín y Viena. Mesmer no es en esos momentos un hombre interesado por la fama o el dinero, cosas que ya posee, tan sólo desea que la ciencia reconozca su teoría. Mientras insiste en sus pretensiones con la ciencia oficial de la época, continua su labor médica magnetizando a todo tipo de personas independientemente de su nivel social. Su popularidad sigue aumentando entre todos los estratos sociales de forma que finalmente el rey de Francia Luis XVI, se ve obligado a solicitar a la Academia de Ciencias de París que estudie el magnetismo con el propósito de llegar a conclusiones definitivas al respecto. Se nombra un jurado científico, integrado, entre otros por personajes notables de la época, tales como Lavoisier, Franklin y Guillotin, que estudian los procedimientos mesmerianos durante un tiempo para finalmente publicar un informe en el que dicen: «Comprobado que el fluido magnético no puede ser reconocido por ninguno de nuestros sentidos y que no ejerce ninguna acción sobre ellos, ni sobre los enfermos que se someten al mismo; que la imaginación sin magnetismo determina convulsiones y el magnetismo sin imaginación no produce absolutamente nada, hemos considerado que no existen pruebas demostrativas del magnetismo animal».Un segundo informe de la comisión científica, emitido unos días después, aún le complicaba más las cosas al magnetismo: «Pensamos, que el pretendido magnetismo animal es un sistema antiguo, alabado en el siglo precedente y caído en el olvido; que dicho método carece absolutamente de pruebas; que los efectos producidos por este pretendido sistema de curación se deben a la imitación; que son más nocivos que útiles y que son dañosos en cuanto pueden hacer contraer a personas bien constituidas, un hábito espasmódico perjudicial para la salud». Estas contundentes conclusiones apartaron definitivamente al magnetismo del camino de la ciencia y al mismo tiempo iniciaron el declive personal de Mesmer, que decepcionado y abatido inició un periplo por diferentes países de Europa. Durante los siguientes años, Mesmer recibió honores y reconocimientos de diversas academias europeas que antaño lo habían rechazado, incluso Francia le concedió una pensión oficial por su trabajo en pro de la humanidad y de la ciencia, pero todas esas muestras de aprobación jamás fueron suficientes para compensar el fracaso de sus teorías. Mesmer demostró a lo largo de su vida una gran habilidad en el manejo de la sugestión y si bien es cierto que realizó gran número de curaciones difíciles de creer para su época, no lo es menos el hecho de que jamás estudió los fenómenos que ocasionaba en sus pacientes. Franz Anton Mesmer murió en Meersburgo el 5 de Mayo de 1815. El rechazo de la ciencia hacia el magnetismo, no impidió que numerosos alumnos de Mesmer continuasen su trabajo, consiguiendo en ocasiones importantes resultados. Uno de ellos Armand de Chastenet (1751-1825), militar retirado y discípulo de Mesmer más conocido como el Marqués de Puysegur, tropieza accidentalmente en Mayo de 1784, con un gran descubrimiento: el sonambulismo provocado. En cierta ocasión en que se encontraba magnetizando a un joven labrador, Chastenet observa que éste, muy al contrario de entrar en una crisis convulsa, se ve afectado por un sueño muy intenso del cual «despierta» a los pocos minutos. Como si nada ocurriese, el joven labrador de nombre Víctor Race, empieza a hablar y a ocuparse de sus tareas habituales pero extrañamente obedece sin discutir todas las órdenes que Chastenet le imparte por absurdas que éstas sean, sin discutirlas. Es en ese momento cuando, ante su sorpresa, el discípulo de Mesmer comprende que en tal estado, puede controlar los pensamientos y la voluntad del joven de una manera casi absoluta. Por esa época empiezan a surgir líneas divergentes respecto al magnetismo, por un lado los fieles seguidores de Mesmer encabezados por Deleuze, aplicando sus principios y creyendo en la existencia del «Fluido magnético», por el otro los que defienden la teoría de que todo se debe a la imposición de una consciencia sobre otra, negando el posible fluido, el máximo representante de esta segunda teoría era Barbarin. Un año antes de la muerte de Mesmer, en 1814 aparece en París, procedente de Goa en las Indias Portuguesas, un sacerdote jesuita, que se hace llamar Abate Faría. Afirma ostentar el título de «Brahmín» y haber adquirido todos sus conocimientos durante su estancia entre los yoguis de la India. Faría niega la existencia del fluido magnético y asegura que todo es producto de la palabra. Su técnica es sencilla, aplica durante unos instantes sus manos sobre la cabeza y la espalda de las personas y cuando cree que es el momento oportuno, con voz fuerte e imperiosa les grita «¡¡¡DUERME!!!». De esta forma consigue con mucha frecuencia la entrada de los sujetos en un sueño instantáneo, evidentemente este método era de ejecución arriesgada, y eso le costó al abate Faría más de un fracaso que ensombreció su carrera. Por esa época se suceden gran cantidad de experiencias dirigidas por diversos investigadores que utilizan el magnetismo y la hipnosis, veamos, brevemente, algunas de ellas. La popularidad del Magnetismo-hipnotismo, es tan grande que incluso se publican periódicos consagrados a la difusión de los avances en esos campos. tal es el caso de «ZOIST», un diario fundado por Elliotson (1791-1868) en el que se describen numerosas operaciones quirúrgicas mediante el uso de anestesia hipnótico-magnética. Martorell, un odontólogo catalán, afincado en París, extrae una muela en 1819, utilizando tan sólo anestesia magnética y sugestiva. En 1821, Recamier lleva a cabo una intervención quirúrgica, utilizando exclusivamente anestesia producida por medios magnéticos. Foissac, seguidor del abate Faría, logra en 1826 que la Academia de Medicina de París vuelva a estudiar el asunto, pero tras muchas dilaciones y contratiempos, acaba desestimando una vez más el valor del magnetismo, como ya ocurriera años atrás. El cirujano Jules Cloquet amputa un pecho, bajo hipnosis, a una mujer de 64 años de edad el 12 de abril de 1829, sin que la paciente sufriese el mÁs mínimo dolor. En 1830, Víctor Dudet, extrae un diente utilizando anestesia magnética. Ward, cirujano inglés, comunica a la sociedad de cirugía y medicina de Inglaterra en 1842, haber amputado una pierna sirviéndose únicamente de anestesia magnética. En Cherburgo, Loysel realiza la amputación de una pierna a un enfermo en estado hipnótico. Las operaciones quirúrgicas con la utilización exclusiva de anestesia hipnótico-magnética se suceden. En 1847, Ribaud y Kiaro extraen un tumor maxilar a una muchacha, de una forma indolora. James ESDAILE, (1808-1859) también cirujano, lleva a cabo en Calcuta 19 amputaciones y trescientas operaciones mayores usando tan sólo anestesia magnética. Pero a pesar de los excelentes resultados obtenidos y las opiniones favorables por parte de diversas comisiones médicas, se le acaba prohibiendo oficialmente el uso de la hipnosis en la ejecución de sus intervenciones. En el transcurso de su trabajo, Esdaile comprueba un fenómeno que permanece inexplicado aun en nuestros días. En su época, la mortalidad por infección post-operatoria alcanzaba el 50%, sin embargo en las intervenciones que utilizaban anestesia hipnótico-magnética, este porcentaje descendía hasta tan sólo un 5%, hecho que fue constatado por los científicos de la época. En 1841 se produce un hecho importante en la historia de la hipnosis. Un suizo llamado LAFONTAINE se presenta en Manchester a fin de realizar unos espectáculos de magnetización e Hipnosis. Unos días antes de dichos espectáculos, había magnetizado a un león del Zoo de Londres con fines publicitarios y de él se decía que el clero de Nápoles le había dejado actuar, a condición de que no tratase de emular los milagros bíblicos tales como devolver el habla a los mudos o la vista a los ciegos. James Braid, (1795-1860), cirujano inglés de escasa relevancia, asiste al espectáculo de Lafontaine con la finalidad de convencerse de la falsedad del magnetismo. Durante la sesión observacomoLafontaine «obligaba» a los sujetos de la experiencia a mirar fijamente sus ojos, y no puede determinar nada especial que le indique la existencia de engaño. Así las cosas, decide asistir a una segunda y aun a una tercera sesión del espectáculo con breves días de intervalo. Tras estas dos sesiones, empieza a admitir la autenticidad del fenómeno y trata de buscar sus causas psicológicas. El hecho de que Lafontaine hiciese fijar los ojos de las personas en los suyos, hace pensar a Braid que el estado hipnótico se produce por cansancio ocular.Al llegar a su domicilio consigue adormecer con éxito a un asistente, a su esposa y a un criado, haciéndoles fijar la mirada en objetos comunes. Con lo que a los pocos minutos todos ellos entran en un trance similar al magnético. Finalmente llega a la conclusión de que : «La fijación sostenida de la mirada paralizando los centros nerviosos de los ojos y de sus dependencias y destruyendo el equilibrio del sistema nervioso produce el fenómeno». Esta similitud con el sueño fisiológico le hace decidirse por la denominación de «Hipnotismo» para describir el fenómeno. En 1842 Braid propone una demostración en la «British Medical Association», a la cual, ésta se niega en rotundo y en 1843 publica sus estudios en un libro titulado «Neurohipnología». Braid sostiene que el fluido magnético no existe y que además no es necesario operador ninguno para provocar el fenómeno. Inicialmente consigue provocar el estado alterado de consciencia simplemente por la fijación continuada de la vista en un objeto y sin utilizar prácticamente ningún tipo de apoyo sugestivo, pero con posterioridad descubre que el estado puede ser provocado también con simples sugerencias verbales y sin obligar al sujeto a fijar su mirada en objeto alguno. Braid otorga con el tiempo más preponderancia al elemento psicológico que al fisiológico como agente provocador del estado hipnótico, llegando a decir que «La imaginación llega a afectar de una manera total a los pacientes». Utiliza la hipnosis en el tratamiento de casos de reumatismo, parálisis e incluso epilepsia, pero sus trabajos una vez más, son poco apreciados entre sus compañeros de la profesión médica. Pronto le salen imitadores y poco tiempo después Grimes, un colega americano, lanza en Estados. Unidos un método de sugestión verbal que denomina «Electrobiología», basada en los métodos de Braid. Braid fue el primero que trató de racionalizar los efectos hipnóticos, y el que por primera vez insinuó que su fenomenología dependía más del sujeto de la experiencia que no de un supuesto poder o fuerza psíquica del operador. Los escritos de Braid interesaron años más tarde a un médico rural francés, que ejercía su profesión en el Hospital de Nancy. Se llamaba Auguste Lièbault, (1823-1904) y empezó a practicar con mucho interés las técnicas de Braid en sus pacientes. En Nancy se pudo permitir experimentar en gran escala, su técnica era simple, adormecía a sus pacientes con voz monótona sugestionándoles reiteradamente sobre temas referentes a sus problemas. Es decir, pura sugestión que sanaba. En 1886 publica un libro con los resultados de sus experiencias que se titulaba «El sueño y los estados análogos, considerado desde el punto de vista de la acción moral sobre lo físico», del que se dice que sólo logró vender un ejemplar. Un prestigioso profesor de la Universidad de Nancy, elDr. Bernheim (1837-1919), que en repetidas ocasiones había criticado a Lièbault incluso tachándolo de charlatán, decide un día visitarlo para conocer sus métodos. Sorprendentemente, Bernheim queda convencido e impresionado por las técnicas de Lièbault y decide unirse a él en sus investigaciones, formando la que sería conocida como «Escuela de Nancy», donde inician un estudio sistemático y riguroso de la hipnosis tratando más de 6000 casos. Bernheim Publica en 1884 un libro titulado «De la sugestión» en el que otorga todo el mérito a Lièbault y que consigue bastante aceptación entre la sociedad científica de la época. En 1886 publica otro libro titulado «La terapéutica sugestiva» relatando los resultados de su trabajo conjunto con Lièbault y llegando a conclusiones como la de que la hipnosis y la hipnoterapia son totalmente inofensivas por una parte y altamente eficaces por otra. Apesar de su excelente trabajo en común, las posiciones de Bernheim y Lièbault, no eran tan próximas como podría pensarse, Bernheim sostenía que los fenómenos hipnóticos de todo tipo eran susceptibles de conseguirse mediante sugestión en estado de vigilia, es decir en ausencia de sueño. Lièbault se oponía formalmente a tales ideas, sosteniendo que toda la fenomenología dependía tan sólo del sueño hipnótico. Jamás llegaron a ponerse de acuerdo en este punto y mantuvieron estas divergencias de opinión hasta el final de su vida profesional. En esos momentos y hasta la llegada de las teorías de Freud, la Hipnosis pasó a convertirse en la técnica Psicoterapéutica por excelencia. Nadie discutía ya el indudable valor terapéutico de la hipnosis. Paralelamente a los trabajos de la Escuela de Nancy, Jean Martin Charcot 1825-1893), Catedrático de Anatomía Fisiológica en París y científico de fama mundial, influido por las demostraciones públicas que ofrecía un belga llamado Donato, empezó a interesarse por el fenómeno hipnótico. Charcot y sus ayudantes empezaron a hipnotizar pacientes, en su mayoría histéricos, en un Hospital de París llamado La Salpêtrière dedicado a las enfermedades mentales. Evidentemente, las personas histéricas o alienadas no conformaban el grupo de población más idóneo para extraer datos estadísticos fiables, por esta razón y extrayendo quizás conclusiones un tanto apresuradas, empezó a divulgar la idea de que tan sólo las personas afectadas de neurosis eran susceptibles a la hipnosis. Es posible que Charcot careciera de los conocimientos necesarios para producir el trance hipnótico, ya que se sabe que eran sus ayudantes los que en todas las ocasiones inducían al trance a sus pacientes, limitándose Charcot a dirigir la experimentación. Tampoco buscaba explicaciones psicológicas a los efectos del hipnotismo, dado que su formación era la de neurólogo y no la de psicólogo, por tanto se hallaba más interesado en las manifestaciones fisiológicas que no en la fenomenología psíquica de sus pacientes. En La Salpêtrière se practicaba lo que en la época se llamó «El gran hipnotismo», pues Charcot trataba siempre de alcanzar grados muy profundos de trance con la consiguiente pérdida de consciencia del sujeto, en oposición al «pequeño hipnotismo», nombre con el que se conocían los trabajos que se seguían en Nancy, en donde por lo general, se experimentaba con estados alterados de consciencia más moderados. En realidad, el aparente antagonismo de ambas escuelas nunca debió existir, ya que los datos que se extrajeron de la escuela de La Salpêtrière no podían ser significativos en ningún modo, tan sólo representaba la casuística de un determinado segmento específico de la población. Además, el habitual componente de simulación en las personalidades histéricas complicaba mucho el estudio estadístico. Por el contrario, en Nancy se trabajaba con cualquier tipo de personalidad, incluso con gente que mostraba resistencia absoluta a los procesos hipnóticos y ese trabajo se realizaba con el más escrupuloso cuidado científico. A pesar del daño que causó el grave error de Charcot de considerar la hipnosis como un estado patológico sintomático de histeria, el prestigio científico de éste y su manifiesto interés por el hipnotismo se reveló como factor importante en la aceptación de la hipnosis en medios científicos y médicos. A finales del siglo pasado Sigmund Freud (1856-1939), alumno de Charcot y Bernheim, se muestra interesado en los fenómenos hipnóticos, admirador de LIÉBAULT, estudia con detenimiento las experiencias de la escuela de Nancy y comienza a aplicar la hipnosis en sus terapias, pero la dificultad de conseguir el trance en sus pacientes (él mismo se definía como un mal hipnotizador), le obliga a buscar nuevas formas de acceder al subconsciente de sus pacientes. De esta búsqueda surge el Psicoanálisis, y en lo sucesivo, a pesar de seguir interesándose por los trabajos de sus colegas en torno a la hipnosis, se limita a estudiar y aplicar su sistema terapéutico.