No es necesario vivir sumido en la oscuridad.

Emile Coue.

 El Doctor Coué, continúa las experiencias de Nancy, en Nancy precisamente, allí en donde de Charcot , la humanidad recibiera la revelación de la época: no es la razón la que determina nuestros actos, sino, que hay algo otro en nosotros: Lo INCONSCIENTE, El Dr. Coué trabaja también en Troyes y en otras latitudes no sólo de su país; Francia, sino en américa y otros destinos de europa, como reconfirmando la época y la experiencia de la que Sigmund Freud, obtuviera su obra al llevar por cauces insospechados las postrimerías de lo que él llamara pulsión. Y precisamente, por la misma época.
Coué, presenta, sin proponérselo, las relaciones entre el deseo, y su realización, así como entre el deseo y la necesidad, enseñándonos cómo, por nosotros mismos obtener el bienestar del que somos capaces. o, en su defecto, el sufrimiento, rostro de la vida del que hemos dado prueba de también poder construir.
Coué, opone, no sin experiencia, al malestar, algo que es muy importante, pienso yo, un dar cuenta de ese “impedirse” sufrir, al sustituir las órdenes sugeridas a lo inconsciente, por unas nuevas que procuren cumplir con nuestra obligación fundamental, y derecho, por lo tanto, “vivir” y “vivir bien”.

Es curioso, y sorprendente notar que; al igual que no terminamos de acostumbrarnos a la muerte, no obstante, fundar, crear la vida, sobre la creencia que respecto de esta inventemos, tampoco nosotros terminamos de acostumbrarnos y de entender, cómo el cuerpo al darle su dueño, y creador: nosotros, una orden, responde, inmediatamente.
Al presentar, esta tal y sorprendente experiencia, el Dr. Coué, nos confronta con, lo que para justificar nuestra pesadez, denominamos incapacidades o incompetencias, nuestras. No hay tal, nos enseña Coué, no hay discapacidad o incompetencia, hay sólo un NO que su dueño no logra decirle a un cuerpo, que no obstante habitarlo, nos es des-conocido.
Ese cuerpo, creado no sin compleja sencillez, no obstante, no sólo responde sino que requiere, irremediablemente de ese, “NO”. Requiere tanto, de este “NO” como los chiquillos requieren del saberse deseados por sus padres y de conocer de éstos sus expectativas sobre ellos.
El deseo, está unido a una renuncia. Así mismo como el que los padres logren, claramente enunciar sus expectativas, sobre los hijos, requiere de su parte, asumir su falta, renunciar a ambiciones ilusorias y encontrar sus límites.
Al enunciar, los padres, lo que desean que sus hijos logren, lo que enuncian es su propio deseo. Es decir, su falta; su limite, su imposibilidad.
Deseamos lo que no hemos logrado. Los padres desean en su hijo lo que a ellos les falta. Quizá por ello, se hace tan sobreentendido, para los adultos, el que sus hijos sepan qué es lo que ellos esperan de éstos.
La palabra vence lo que la insistencia no alcanza. Se requiere de la palabra. Lo inconsciente es un mecanismo hecho de palabras. Y como tal, una estructura lenguajera, en la que, ciertos personajes, en determinada posición, funcionan. El padre. Ese padre deseante de que su hijo viva; funda un lugar para su hijo; un lugar simbólico en el que éste finalmente habita. En su función, el padre, posibilita así que el pequeño pueda separarse del pecho de mamá, y recurra a sus propios recursos, recursos siempre y aunque des-conocidos; humanos, recursos para
ganarse la vida.
Nos enseña el Dr. Coué que, ganarse la vida es aprender a vivir, a vivir bien.