No es necesario vivir sumido en la oscuridad.

Como hipnologo

 Como hipnólogo, he usado muy pocas veces el estado plenario, ese estado del sueño; pero siempre que lo hice, las consecuencias fueron muy satisfactorias. Los resultados obtenidos experimentalmente, son muy impresionantes, efectivos y rápidos. Hay dos métodos para sumir al sujeto en el sueño. Si entro en la habitación de un paciente y lo encuentro durmiendo en su momento – por así decirlo -; y si está acostumbrado a mi voz porque ya he trabajado con él en mi consulta uso el primer método; esto es, trato de manipular su estado de sueño, a lo largo de los lineamientos que hemos utilizado ya en las ocasiones anteriores.
A continuación para salir de la profundidad del trance, simplemente me detengo a su lado y le digo algo así: señor x, usted puede escucharme, pero no despertará; va a continuar durmiendo muy tranquilamente. Pero deseo saber que me escucha. Mueva los dedos para que yo sepa que me ha escuchado. Después de una pausa, el sujeto hace movimientos con los dedos. Entonces le hago sugestiones como las empleadas en otras ocasiones. Por ejemplo: donde me vio la última vez. El otro método consiste en decirle al paciente, mientras todavía se halla en trance hipnótico que, luego que salga de él a una señal, caerá en un sueño natural, idéntico al normal de que disfruta en su cama y que en nada se relaciona con el trance hipnótico. 
La mayoría de los sujetos duermen al ver la señal, con un sueño profundo; parecen estar del todo inconsciente. Cuando despiertan, la mayoría – si no es que todos – se estiran y dicen: Vaya Por que me despertó, era un sueño maravilloso. El sujeto le dirá que el sueño que disfrutó era distinto al estado de coma, y al de trance hipnótico, con el cual está familiarizado.